Ensayos sobre teatro

EL TEATRO EN BARINAS EN LA DECADA DE LOS AÑOS SETENTA DEL SIGLO XX

El Teatro en el Contexto de la Realidad
Socio-económica de Venezuela

La década de los años 70 tuvo un significado histórico y de gran impacto para el desarrollo del teatro latinoamericano y el venezolano en particular. Las corrientes estéticas desarrolladas en Europa durante los años 50 y 60, devienen en América Latina, en propuestas originales que se concretizan en el teatro político y el teatro de creación colectiva. Para ese entonces la mayor parte de esta región sufrían la violencia política de las dictaduras militares y el éxodo de artistas e intelectuales hacia otros países de América y Europa le dio una connotación distinta al resto de las artes.
José Monleón (1978) al referirse al teatro de este período, describe el nuevo teatro latino “como una vigorosa formulación revolucionaria; es decir, como un teatro sólidamente ligado, en sus contenidos, en sus términos formales, en su organización y en su relación con el público, a un vasto proceso de transformación social”. (p. 10)
América como realidad concreta supo construir un discurso teatral apoyado en un proceso histórico-social emergente que exigía una transformación socio-política de los sistemas políticos existentes. La tendencia que logra imponerse es la de un “teatro fuertemente politizado, en la mayoría de los casos presentado como ¨creación colectiva”, cuya tónica dominante quizá era la vocación latinoamericana…” (Monleón, 1978, p. 9).
En esta década, el teatro venezolano presenta su propia complejidad. El país entraba a una etapa de estabilización política, en parte, por el viraje táctico de la guerra de guerrillas que copó la década anterior. La política de pacificación implementada por el gobierno socialcristiano del presidente Rafael Caldera, permitió a un sector de la insurgencia la inserción al sistema imperante y su participación política en el marco de la legalidad existente. Se impuso la propaganda de la paz democrática mientras se perseguía a la militancia comprometida con el cambio revolucionario
Resumiendo los hechos políticos que marcan esta década están: el bipartidismo representado en los partidos Acción Democrática y Socialcristiano COPEI; la alternabilidad del poder de estos dos partidos, la represión encubierta a los no adeptos al régimen (la connotada muerte de Jorge Rodríguez y Américo Silva, así como los allanamientos a las Universidades Nacionales); protestas de diferentes sectores sociales y la corrupción administrativa.
En el marco de este escenario político, con fuerte incidencia en lo social, la economía tiene sus sobresaltos. El sustancial aumento de los precios petroleros en 1974, lo que se llamó “Boom Petrolero”, se tradujo en un substancial incremento de los ingresos percibidos por la administración pública, los cuales aumentaron para 1974 en un 165%.
El recién instalado gobierno del presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez aprovecha la situación para implementar grandes proyectos que hacen crecer el gasto público, lo cual incide posteriormente en una gran crisis nacional. El investigador y economista Pedro A. Palma (1989) al referirse a esta situación señala:
Lo anterior (refiriéndose al incremento de los precios petroleros) animó a las nuevas autoridades económicas de la administración entrante en 1974 a poner en marcha un ambicioso plan de desarrollo, en el que se contemplaban vastas inversiones en proyectos de expansión en una serie de industrias básicas, así como la rápida ampliación de múltiples servicios gubernamentales, y cuya implementación implicaba un incremento substancial de gasto público (p. 12).
En definitiva, el alza de los precios mundiales del petróleo a fines de 1973 marca el inicio de un nuevo período en el desarrollo capitalista de la economía y de la sociedad venezolana. El economista Sergio Aranda (1979) resume que se dieron “saltos de gran magnitud” en los ingresos fiscales y el ingreso nacional; el volumen de demanda, la acumulación y las importaciones.
El ideario de la “Gran Venezuela” sustentada en el desproporcionado ingreso, lo encontramos expresado en el V Plan de la Nación.
Aparte de las implicaciones económicas, el impacto en el sector cultural también se hizo sentir. Por primera vez el sector cultural es considerado como un sector autónomo sujeto de planificación. Estas consideraciones concretizaron con la creación del CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA (CONAC), donde el teatro es un sector sujeto de ser, igualmente, planificado.
El investigador teatral Leonardo Asparren Jiménez (1997) recoge con certeza la situación del teatro venezolano en este momento:
El teatro venezolano dramatizó esa ilusión de trascendencia; en casos para apuntalar su ideología, como ocurrió con la fiesta de los festivales internacionales; en otros para mostrar lo grotesco de la ilusión, como hicieron los principales dramaturgos. La profesionalización del actor y del director dejó de ser una aspiración frustrada, y por primera vez se pensó que con la taquilla y con mayores subsidios del Estado el hombre de teatro viviría de su profesión. Al concluir la década, muchos lo habían logrado, pero al precio de sacrificar el teatro como arte y asumirlo como transacción (p. 168).
Esta década significó una expansión y crecimiento de la actividad teatral. En distintos estados se hizo sentir la creación de nuevos grupos, algunos sobresalieron por su calidad estética y sus propuestas, como los grupos de Maracaibo, Maracay, Valencia, Mérida, la región oriental y Lara. La experiencia de lo que pasaba en el país se recogió en los Festivales Regionales de Teatro.
Uno de los elementos esenciales fue la capacidad para auto-analizarse, a través de eventos y reflexiones de los representantes más activos del teatro caraqueño y de provincia; se hicieron balances críticos que reflejaron las necesidades y dificultades, así como las propuestas más urgentes para desarrollar el teatro nacional, ejemplo de esto es el importante documento “Bosquejos Sobre el Teatro en Venezuela”, donde Herman Lejter (1978) analiza los problemas, perspectiva y desarrollo del teatro venezolano.
A través de la creación de la Coordinación de Artes Escénicas en el CONAC, el teatro recibió una atención que traspasó los límites del teatro caraqueño. Los ingentes recursos obtenidos de la renta petrolera se distribuyeron en el sector cultural (injustamente con marcado centralismo) por todo el país a través de subsidios; lo que permitió un crecimiento en el teatro regional. El teatro caraqueño (favorecido con la distribución presupuestaria) seguía dando la pauta con dos grupos, El Rajatabla y el Nuevo Grupo, que impusieron su profesionalismo, su calidad estética y su empeño en la búsqueda de nuevos lenguajes en la creación teatral.
TEATRO EN BARINAS EN LOS AÑOS 70 DEL SIGLO XX
El teatro en Barinas hasta la década de los años sesenta del siglo XX, se caracterizó en un primer momento, durante el período colonial por un teatro de “utilitarismo social por parte del Estado”, usado para fortalecer y preservar el régimen colonial; y un segundo momento, durante el siglo XIX y el siglo XX, por un teatro escolar y de conveniencia social representado en “veladas” organizadas por la escuela o alguna familia representativa económicamente de la región.
|Aparte de estas dos situaciones no se percibe un interés por parte del Estado ni de la comunidad organizada de crear y desarrollar un teatro con claros propósitos artísticos o estéticos.
A pesar de la construcción de los auditorios del liceo Daniel Florencio O’Leary y del Grupo Escolar Estado Guárico en la década de los años 50, que no tenían un propósito teatral, aunque por iniciativa pudo servir de motivación para crear grupos estables; el teatro barinés se mantuvo encerrado en el ámbito escolar, con su marcado acento pedagógico y deficiencias técnicas.
Al investigar el teatro en la década de los años setenta del siglo xx en Barinas, se encuentra una serie de datos que permiten construir una visión diferente de la actividad teatral realizada hasta ahora y a partir de entonces.
En el estado Barinas, durante esta década, se van a experimentar algunos cambios en el sector cultural que van a incidir profundamente en el desarrollo de la actividad teatral. Si bien es cierto que en la década anterior existía una infraestructura mínima para abordar esta actividad, faltó el empeño y la voluntad de promotores con visión más profesional. El “Teatro del Club Español” que pudo convertirse en el propulsor y la referencia inmediata, ya que poseía un escenario, un elenco semi-estable y apoyo institucional, no se abrió hacia la comunidad y sus espectáculos quedaron destinados solo a pervivir en la memoria de los socios del club.
Igualmente, al final de esta década de los sesenta (1969) empieza a funcionar administrativamente “la Casa de la Cultura”, donde se apertura una primera iniciativa hacia la actividad teatral que echaron las bases para su posterior desarrollo.
Los cambios empiezan a gestarse a partir del año 1971, cuando una nueva directiva de la Casa de la Cultura, dirigida por el periodista Vicente Peña Pulido, emprende un plan de acción cultural, inicialmente sustentado en una política difusionista. La gestión desarrollada por este equipo va a estar fuertemente influenciada por su personalidad. El modelo de gestión que le imprime a la Institución encuentra su referencia en el ateneo de Caracas y en la Casa de la Cultura de Maracay, experiencias conocidas en el ambiente cultural de esa época.
En el informe de la Dirección de Educación y Cultura, el Dr. Humberto Traspuesto Delgado, Director, señala que el plan de actividades se realiza apoyado en una programación que se estructura de la siguiente manera:
a. Programaciones de naturaleza artística
b. Programaciones de naturaleza divulgativa
c. Giras artísticas en representaciones del estado a otras entidades de la República.
d. Reorganización de la Escuela de Música “José Ángel Lamas” y de la Escuela de Pintura “Cristóbal Rojas” de Barinas (Cátedra 1974, p. 47).
Como se puede observar, la acción cultura está dirigida fundamentalmente hacia la difusión y desde este punto de vista la actividad que se desarrolla en los tres primeros años, se irá incrementando en el número de eventos anuales. El suplemente cultural de esta institución reseña que para 1971 el número de eventos es de 62; para 1972 se incrementó a 96, y para 1973 alcanzó a 136.
Estas actividades estaban compuestas por exposiciones fotográficas y plástica; conciertos y recitales; conferencias, proyecciones y títeres; publicaciones, cursos, festival de música, foros y presentación de libros. Fue el verdadero despertar artístico-cultural de la ciudad.
Esta política de difusión permitió abrir a Barinas al resto del país, ya que la mayoría de los grupos culturales y personalidades presentadas en el espacio de la Casa de la Cultura eran de otras partes del país, e incluso extranjeros. Y la misma tuvo su efecto en la sociedad barinesa. Empezó a crearse una conciencia cultural y a pensarse la cultura como una actividad necesaria y vital para el desarrollo del ser humano, y para el progreso del Estado.
En el suplemento “ADARGA”, N° 12, aparecen los lineamientos sobre los cuales se sustenta el plan de acción de la Casa de la Cultura. Se concibe a la Casa de la Cultura como “taller de trabajo y vitrina de exhibición, sin secretos ni puertas cerradas, trabajando con los recursos que se le confíen y estimulando las manifestaciones del arte y la ciencia” (1974, p. 1). Este principio permite el acceso de diferentes sectores interesados en participar en el trabajo cultural. El mismo suplemento expone que la acción desarrollada desde esta institución se estructura en dos fases, la primera corresponde a un proceso de institucionalización y la segunda, desarrollo de una política propia y de interacción con otros organismos locales y regionales.
La efervescencia cultural de estos primeros años de la década permitió crear un público que masivamente asistía a los eventos. De alguna manera se había abierto a la población citadina un canal de participación como espectadores.
La política difusionista cumplió sus objetivos. Para un estado donde la actividad artística en general era exigua y donde las únicas instituciones formativas existentes, la escuela de música José Ángel Lamas y escuela de pintura Cristóbal Rojas, funcionaban con serias limitaciones; el fortalecimiento del sector cultural significó un gran aporte y avance, de profundas repercusiones en la sociedad barinesa.
En este primer período (1970-73), el teatro muestra tímidamente algunas intenciones que inician la búsqueda hacia proyectos de mayor envergadura. La herencia de los años anteriores había sido pobre. Era preciso fundar un verdadero movimiento teatral.
La presencia en el estado de importantes grupos nacionales como “Rajatabla” y “Arte de Venezuela”, permitió establecer los contrastes, medir las deficiencias y apurar las intenciones de salvar el espacio que separaba al estado Barinas del resto del país.
Para 1971 se contrata a Isidro Flores, actor barinés con estudios teatrales en España y Argentina, para que organice el teatro del mismo liceo O´Leary, cuyo primer montaje “La Muerte de Alfredo Gris” de Rodolfo Santana, es estrenada en 1972.
Este grupo se mantuvo bajo la dirección de Flores hasta el año 1975. Realizaron en 1973 el montaje de “Los Unos Vs. Los Otros” de José Martínez Queirolo; en 1974 “La Sonata del Alba” de César Rengifo y en 1975 ensayos frustrados de “Los Criminales” de Rodolfo Santana y “La Mujerzuela Respetuosa” de Jean Paul Sartre.
Un grupo de estudiantes del Liceo O´Leary toman la iniciativa inspirados en la obra “Tu País Está Feliz”, representada por Rajatabla en 1972 en el auditorio de la Casa de la Cultura y organizan un grupo que llamaron “Gritos de Abajo”, cuyo primer y único montaje , “El Hombre Fragmentario”, intentó recoger la inquietud de la juventud barinesa de entonces
Ambos grupos hicieron giras por los municipios del estado, presentándose en diversos espacios, a veces con las dificultades propias de un estado sin infraestructura teatral.
Con su primer montaje, el teatro del liceo O´Leary participa en el I Festival de Teatro Estudiantil Libre de Educación Media (TELEM), evento promovido por la Oficina Regional de Educación N° 5, Los Andes; realizado en San Cristóbal, del 17 al 22 de Abril de 1972.
Este evento tenía como objetivos fomentar las relaciones entre los planteles de educación media de la región y canalizar las inquietudes juveniles hacia actividades que permiten desarrollar la capacidad artística de los alumnos.
La motivación despertada por este evento en los liceos de educación media, hace que para el año 1973 se realice en Barinas la Primera Muestra de Teatro Liceísta en la Casa de la Cultura, a fin de seleccionar los montajes que representarán a Barinas en el TELEM 1973.
Es evidente que la tradición del teatro escolar pesaba todavía en Barinas. El teatro, hasta el año 1974, seguía sujeto al ambiente estudiantil; a pesar del intento del grupo “Gritos de Abajo”, donde hubo una intención de despegue que no llegó a concretizarse.
Si bien es cierto, que el TELEM despertó el entusiasmo en los liceos de Barinas, apoyado en la efervescencia de las actividades culturales de la Casa de la Cultura y en el éxito del teatro del O´Leary en el festival de San Cristóbal; no se llegó a cristalizar un movimiento teatral estudiantil. El único grupo que permaneció estable fue el del liceo O´Leary.
Hubo iniciativas que el público aún recuerda, como la del grupo “Ráfaga” de la Escuela Técnica Industrial (ETI), que en un destello de creatividad en su montaje “Para Quién Trabajamos”, incorporaban a escena un automóvil, lo cual dejaba impresionado al espectador asistente.
Hubo otras iniciativas al comienzo de esta década fuera del ambiente estudiantil, en 1970, Isidro Flores, intentó conformar un grupo con Alberto Pérez, Carmen A. Alba y Alonso Graterol, que bautizaron “SETO VIVO”, que no llegó a cristalizar. Es indudable que el teatro del O´Leary fue la referencia teatral en estos primeros años de la década en el estado Barinas, aparte del aporte de la casa de la cultura.
El entusiasmo del teatro liceísta y el crecimiento de las actividades de difusión, donde al teatro se le dio su importancia; condujeron a la concreción de una idea mayor, la realización del I Festival de Teatro.
Barinas empezó a vibrar al compás de lo que sucedía teatralmente en el país. La visita permanente de grupos teatrales nacionales y la creación de un público deseoso de cualquiera actividad cultural recogen el esfuerzo de la programación anual ejecutada por la Casa de la Cultura.
Este importante evento se realizó entre el 29 de Marzo y el 3 de Abril de 1974. Los grupos y montajes que integraron la muestra fueron: “Grupo Trotamundos” de la Universidad de Los Andes, bajo la dirección de Ildemaro Mujica; alumnos de la Escuela de Teatro de la ULA, presentaron “La Orgía” de Enrique Buenaventura, bajo la dirección de Ildemaro Mujica; Antonio Terán del Ateneo de Guanare, con el monólogo “El Hombre de la Rata”; el teatro “El Triángulo”, de Caracas, con la obra “Interrogatorio” , de Roberto Desaloma, dirigido por Pedro Riera; Grupo “Fragmento” de Maracay, con la obra “Tiranicus” de Rodolfo Santana, dirección colectiva, y la obra “Resistencia” de Edilio Peña, con la actuación de Héctor Mayerston, bajo la dirección de Armando Gota.
Este festival recogió la inquietud de mostrar el teatro como una actividad artística, con espacio propio y con clara visión profesional. Sin embargo, todavía no se tomaba la decisión de implementar políticas para crear una estructura teatral impulsara su desarrollo.
En parte el carácter difusioncita que caracterizaba a la política cultural, no sólo de Barinas, sino también nacional, expresada ésta en el Instituto de Cultura y Bellas Artes (INCIBA), sirvió de freno para ideas más trascendentales.
Por otro lado, el exiguo presupuesto no permitía avanzar más allá de los programa que el INCIBA hacia llegar a la región y de otras actividades producto del intercambio cultural con ateneos y casas de cultura con otros estados.
IMPACTO DE LA ADMINISTRACIÒN CULTURAL EN EL CRECIMIENTO TEATRAL
A partir del año 1975, se abre una nueva etapa para el quehacer cultural del estado. Las bellas artes encuentran apoyo e inician un ciclo de crecimiento y la cultura tradicional busca su reafirmación.
Hay de parte del Estado una mayor atención hacia estas áreas. Se logra la autonomía del sector para manejar los recursos financieros con la creación en 1977 de la Coordinación Cultural del Estado Barinas. Antes, dependía por entero de la decisión (a veces arbitraria) del Director de Educación y Cultura, que manejaba a través de recibos el presupuesto de la Casa de la Cultura.
Estos cambios impulsados por la creciente demanda de la actividad cultural, van a ser consecuencia de algunos hechos, entre los que se encuentran: la creación del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) a nivel nacional y a nivel regional, el nombramiento del Delegado Regional de esta institución; el nombramiento de la Coordinación Cultural del Estado y, por supuesto, el impacto del “Boom” petrolero que permite ampliar la burocracia cultural.
Se van a suceder algunos cambios en la gerencia cultural. Vicente Peña Pulido es nombrado en Noviembre de 1974 Delegado Regional del INCIBA, para posteriormente, en 1975, a raíz de la creación del CONAC, pasar a ser el Delegado Regional de esta institución. Finalmente, se desempeña como Coordinador de Cultura del Estado durante el mandato del Dr. Manuel Díaz Moronta (1977-79).
Por otro lado, el Poeta y Periodista Manuel Darío Gruber, que venía desempeñándose como Coordinador de Programas desde 1973, en la Casa de la Cultura, es nombrado Director, cargo que asumió hasta marzo de 1979.
Estos cambios administrativos inciden en la reformulación de los programas. Se abre la posibilidad para la instauración de grupos artísticos estables, principalmente de las artes escénicas.
Las artes plásticas y la música ya contaban con sus escuelas y la actividad literaria había sido canalizada por los jóvenes poetas Avilmark Franco, Alberto José Pérez, Arnulfo Quintero López, Laurencio Zambrano y Livio Delgado entre otros, con la creación en 1972 del Taller Literario “Andrés Mariño Palacio”. El Taller Para el Arte de Escribir es fundado más adelante, en 1975, por Juan Asdrúbal De Los Ríos.
El teatro, los títeres y la danza logran la atención del Estado que, a través del INCIBA y la Coordinación Cultural , decide contratar personal para la creación de los respectivos grupos.
De esta manera, se incorporan Israel Morillo y posteriormente, Mery Carruido en títeres.; Félix Salazar en teatro y Ana Moncada en danzas.
Félix Salazar, actor ecuatoriano, radicado para entonces en Maracay, se encontraba en una gira nacional. Es contratado para realizar un taller de teatro, el cual tenía la duración de un año. En el transcurso del taller, se va gestando un proceso que deviene en la creación de “La Escuela de Teatro”, a través de la cual se sistematiza por primera vez en Barinas los estudios teatrales. Revoluciona la escena barinesa con el estreno de la obra “María Rosario Navas”, cantata de César Rengifo, el día 3-12-1975.
Félix Salazar se convierte en un verdadero promotor de la actividad teatral e impulsa los cambios fundamentales que permiten crear el teatro moderno en la ciudad. En 1977 funda y dirige el “Teatro Universitario” de la recién creada Universidad Nacional Experimental de los Llanos “Ezequiel Zamora” (UNELLEZ); en 1978 crea el “Teatro Estable” de la Escuela de Teatro y en el mismo año crea el “Taller Teatral de Barinitas”. Desde estas instituciones emprende actividades de difusión, formación, producción y dirección teatral por espacio de cinco años (1975-1979), convirtiéndose en el eje de esta actividad de esta década.
La Escuela de Teatro y el Teatro Estable se mantienen activos hasta 1978. Los compromisos de Félix Salazar con el Teatro Universitario, no le permiten continuar con la responsabilidad que venía desempeñando en esas instituciones. La Coordinación de Cultura contrata a Alexis Antiguez, actor y director argentino, con residencia en el país; quien organiza el “Teatro del Claustro”, en marzo de 1979, grupo de corta duración que, sin embargo, realizó dos montajes en el lapso de cuatro meses.
Para finales de la década, crece el movimiento cultural. El sector estudiantil, el movimiento popular y el sector evangélico dan señas de organización.
Los jóvenes Yosmen Sivira, Jhonny España, Eddy Vielma, Armando Sánchez, Franklin España, entre otros, se convierten en catalizadores de las inquietudes políticas y culturales hacia los sectores populares y se crean organizaciones como el grupo cultural “Fogón Humeante”, “Sociedad de Jóvenes Estudiantes de la Escuela de Música José Ángel Lamas”, “Comité Estudiantil del Barrio 23 de Enero”, “Frente Pro-Orquesta Juvenil” y “Cescud” del liceo O´Leary.
Todos estos grupos estaban inspirados en la lucha política con marcado contenido ideológico de la izquierda revolucionaria. Posteriormente, en 1980, conjuntamente con el grupo literario evangélico “Voces al Cielo”, dirigido por Carlos Alvarado, formaron un frente cultural que llamaron Movimiento Cultural Unido (M.C.U). El teatro desarrollado por estos grupos, excepto el de “Voces al Cielo”, era un teatro panfletario, donde el discurso político y reivindicativo se sobreponía a la calidad estética.
Por otro lado la experiencia del grupo literario evangélico “Voces al Cielo”, condujo a una serie de publicaciones, entre las que se encuentran las obra teatrales “El Condenado Suplido”, “El País de los Ciegos”, “Zoriana” y “Muletas Que Andan”, de Carlos Alvarado, de esta última obra se hizo una segunda edición en Enero de 1979; únicos textos teatrales publicados en el estado durante esta década. En este mismo lapso, Aureliano Salazar y Rubén Morillo, estudiantes de la UNELLEZ, realizan los montajes de “Los Perseguidos” y “La Alegría del Gran Rey Momó”, obras puestas en escena a nivel nacional, publicadas igualmente. También se destaca la actividad dramatúrgica (denominados dramas) realizada en los municipios Rojas y Alberto Arvelo Torrealba, de contenido evangelístico, promovida por Placido Meneses, Beatriz Carrillo, Adelsis y “Chichita” Rodríguez, y otros aficionados entrenados por un estudiante de la Escuela de Teatro de Barinas.
A nivel institucional, en el Taller Periférico de Artes Plásticas, que había sido creado en 1975 en la urbanización Rodríguez Domínguez; se crean el Taller de Títeres que dirige Israel Morillo y el Teatro Infantil de Barinas, dirigido por José Luis Medina. Estos van a complementar, junto con artes plásticas y danzas, las actividades de este complejo cultural. El Teatro Infantil lleva a escena y estrena ese mismo año la obra para niños de José Ignacio Cabrujas “El Tamborcito Mágico”.
Por otro lado, en Barinitas, bajo la dirección de Félix Salazar y los auspicios de la Coordinación Cultural del Estado, se constituyó en 1978, el Taller Teatral Barinitas. Este se inicia con un curso dicta por el mismo Félix Salazar, apoyado por José Luis Medina (expresión corporal) y Francisco Aranguren (historia del teatro). Con un elenco compuesto por Cristóbal Parra, Adelso Viscaya y Misael Valero inician ensayos de la obra “Tiranicus” de Rodolfo Santana.
Desde 1979 crece la preocupación de las instituciones culturales del Estado por las actividades de difusión en los municipios. Más concretamente, la preocupación se centra en crear una infraestructura que sirviera de base para desarrollar distintas actividades.
Un primer proyecto impulsado por la oficina del CONAC y la Gobernación en 1976, fue la creación de los Centros de Acción Cultural en 14 importantes poblaciones del Estado. Este proyecto no se llevó a cabo. Sin embargo, el interés de las comunidades organizadas y la receptividad de la Coordinación Cultural, permiten la creación del Centro Cultural “Alfredo Arvelo Larriva”, en Altamira; la Casa de la Cultura en Pedraza; salones de lectura de Altamira, Pedraza y Barinitas que integraron, junto con la biblioteca central, la Red de Servicios Bibliotecarios y que se convirtieron en centros de difusión cultural.
En Barinitas ya existía desde 1971 el Ateneo Popular creado por iniciativa de la Fundación Pro-Desarrollo de Barinitas. En la ciudad, para este segundo período de la década, surgen otras instituciones, entre ellas, el Museo Alberto Arvelo Torrealba y la Coral Barinas.
En este contexto, la Coordinación Cultural, trata de concretizar planes de difusión en los municipios. Así, en 1978, se lleva adelante el “Plan Albarca”, el cual tuvo como objetivo desarrollar actividades de difusión, a través del intercambio cultural con grupos artísticos de la ciudad, entre las poblaciones de Altamira, Barinitas y Calderas. Posteriormente, en 1979, se realiza la “Semana Cultural”, la cual abarcó las poblaciones de Pedraza, Altamira y Libertad. Estos eventos contribuyeron a la difusión de las actividades de teatro y títeres.
En este período, la difusión teatral en la ciudad mantiene su continuidad; auspiciados por la Coordinación Cultural, Casa de la Cultura, Escuela de Teatro, Programa de Cultura y el Teatro Universitario de la UNELLEZ, se presentan importantes agrupaciones de la escena nacional e internacional, así como se promueven eventos de carácter internacional.
Entre las agrupaciones visitantes están: para 1975, Teatro Nacional de Venezuela, Teatro de Cámara de Venezuela, Grupo de Títeres “Bamboche”, “Pequeño Grupo” de Mérida, el actor argentino Héctor Clotet y el Taller de Estudios Teatrales de Barquisimeto.
Para 1976, “Teatro de Repertorio” del Ateneo de Caracas, Teatro Universitario de la ULA, Teatro Libre de Bogotá, grupo teatral “La Rueda Roja” de Puerto Rico, teatro de títeres “La Pareja” de Argentina, la actriz América Alonso y Teatro Negro de Barlovento.
Para 1977, se presentan: teatro de títeres “La Cigarra”, teatro “Volante”, ambos de Argentina, “La Misere” de Maracay y Rajatabla. Para 1978, Teatro Altosf, la Compañía de Los Andes de Colombia, Los Cuatro de Chile y Agrupación Cero de Venezuela.
Igualmente se realizan dos eventos de proyección nacional, el primero la “I Jornada de Teatro Latinoamericano” entre los meses de noviembre y diciembre de 1976. Esta jornada incluyó presentación de los grupos “DRAM” de Puerto Rico, “La Pareja” de Argentina, Teatro Estudio del Liceo O´Leary de Barinas; exposición gráfica de afiches, dos proyecciones cinematográficas del teatro brasileiro, un seminario sobre técnica literaria del drama dictado por el profesor chileno Orlando Rodríguez y un curso de títeres dictado por Eduardo Di Mauro.
Al año siguiente, se realiza la II Muestra Internacional de Teatro, muestra itinerante por América Latina que concluye con una muestra en algunas ciudades de Venezuela, entre ellas Barinas. En este evento estuvieron presente: “El Galpón” de Uruguay, “La Comuna” de Portugal, “El Local” de Colombia, “Teatro de Pantomimas” de España, “El Arteón” de Argentina, “El Buho” y “Teatro Gitano de Albacín” de España.
En el marco del mencionado evento, el Teatro Universitario de la UNELLEZ, estrenó su primer montaje “Diez Velas de a Locha por un Bolívar” del dramaturgo falconiano Guillermo de León Calles. También se realizó la conferencia “Puesta en Escena”, a cargo del maestro latinoamericano Atahualpa del Ciopo.
Indudablemente, este ha sido uno de los grandes eventos teatrales realizados en Barinas por la calidad y trayectoria de los grupos participantes, así como su organización bajo la dirección de Félix Salazar; fue una demostración de la madurez que había adquirido el proceso teatral; hecho por demás demostrado en el cumplimiento de las demandas técnicas de los grupos visitantes, solución de las exigencias logísticas y la asistencia masiva de un público con clara conciencia de la calidad estética de los grupos y la importancia histórica del evento.
EL TEATRO DE TITERES
Una atención especial merece el teatro de títeres. En 1975, el INCIBA contrata a Israel Morillo, quien conjuntamente con Alexis Liendo, organiza el primer taller de títeres de Barinas. El año anterior, Omar García había dictado un curso que duró tres meses, en la Casa de la Cultura. Israel Morillo fue contratado para darle continuidad a este curso. Morillo estuvo corto tiempo bajo esta responsabilidad. A mediado del año tuvo un accidente que lo inmovilizó, por lo tanto, el INCIBA decide sustituirlo con Mery Carruido, quien se traslada desde Barquisimeto, para asumir esta responsabilidad. Mery Carruido con Alexis Liendo organiza el taller instalado en la calle Pulido y con un retablo móvil recorren los municipios con sus primeros montajes.
En 1976, entre los meses de noviembre y diciembre, Eduardo Di Mauro, titiritero argentino, por intermedio de la Escuela de Teatro y con auspicio del CONAC, dicta un curso de títeres, donde participan los integrantes del taller dirigido por Mery Carruido. Al concluir el curso, Di Mauro presenta a la Coordinación Cultural el proyecto de creación del Teatro Barinés de Muñecos. Al año siguiente se concreta esta idea y el Barinés de Muñecos se constituye con Mery Carruido, Coromoto Solórzano, Alexis Liendo, Israel Morillo y Josefina Arroyo; bajo la dirección artística de Di Mauro.
La creación de este grupo va a transformar la actividad titiritera del estado. El carácter profesional que le imprime Di Mauro, con su alta calidad técnica, transforma a este grupo en una verdadera escuela que servirá de inspiración para la creación posterior de otros grupos.
El sábado 4 de noviembre de 1978 inaugura la Sala Estable, que se convertirá en la segunda en su tipo en el país, después de Tilingo. Con el retablo móvil y la sala estable, realizan un extenso trabajo de difusión que abarca escuelas, municipios y otros estados. Con el taller de producción promueven cursos y talleres que benefician a diferentes sectores.
El cambio político suscitado a raíz de las elecciones de 1978, que permitió el acceso al poder del partido COPEI, afectó el crecimiento y desarrollo de la actividad cultural. Las nuevas autoridades del sector despiden, a mediados de 1979 a Di Mauro y al elenco del Barinés de Muñecos, así como a Alexis Antiguez, director del grupo “Teatro del Claustro”.
La actividad se paraliza por unos meses y en noviembre del mismo año es reactivada la sala estable con un nuevo elenco, entre los que figuran Simón Rojas, Mery Carruido y Jimmy Pacheco. La crisis se agudiza en 1980 con el despido de los integrantes del Taller Teatral, organizado ese año, y el nuevo elenco de la sala estable de títeres que había comenzado a funcionar con el nombre de Teatro Barinés de Títeres. Esta situación trajo como consecuencia un descalabro en la actividad teatral que afectó los primeros años de la década de los ochenta.
CRITICA A LA ACCION CULTURAL
La creación y crecimiento del sector cultural durante la década de los setenta, permitió el acceso de un sector de la población barinesa a algunos bienes culturales del estado; aunque se estaba lejos de una verdadera democracia cultural, a partir de 1975 se produce una masificación y se da inicio a la profesionalización del teatro en el estado.
Para esta década, Barinas había experimentado algunos cambios. La tasa de analfabetismo iba en descenso, pasando de 39,6% en 1971 a 23,4% en 1980 (OCEI, 1990). En la ciudad existían cinco cines (Verdi, Capri, El Llano, Principal y Mara) y el proceso de urbanización había crecido con nuevas avenidas y construcción de viviendas.
La ciudad demográficamente vivió un proceso de expansión. Se crean nuevos barrios. A nivel económico Barinas se vio favorecida con la inversión del gobierno en el sector agro-pecuario, lo cual hace movilizar a las entidades bancarias nacionales a establecer sucursales en la ciudad. De siete bancos que existían en 1973, pasa a 23 entidades financieras a finales de la década.
A mediados de la década empieza a formarse una conciencia crítica sobre las necesidades del sector.
Los periódicos regionales se hacen eco de las inquietudes de personalidades ligadas al arte. Jesús Oraá, en el editorial de su hoja titulada “Aquí la Cultura” en el diario “El Espacio”, señala que el trabajo cultural, principalmente en la provincia, se encuentra sujeto a dos situaciones; la primera, la grave penetración de corrientes extrañas a la idiosincrasia y tradición del país, y la segunda, la centralización del presupuesto cultural en Caracas en detrimento de la provincia. También señala en otra sección de la hoja, entre los factores que dificultan el desarrollo cultural del país está “la falta de continuidad en el acercamiento e intercambio de los organismos y trabajadores de la cultura” (1976, p. 7).
En otro periódico, el mismo autor hace referencia a la política cultural a seguir donde reclama una mayor atención del CONAC para los artistas y escritores de las nuevas promociones y sostiene que la efectividad del sistema democrático se da garantizando el acceso de la colectividad al disfrute y ejercicio de la cultura (El Progresista, 1976).
En otra edición de la hoja cultural “Aquí la cultura”, del diario “El Espacio”, Félix Salazar llama la atención sobre la apatía de las autoridades regionales hacia el sector, el cual interpreta como un peligro para frenar el florecimiento cultural; por lo tanto, sugiere analizar la problemática cultura del estado a fin de solventar algunas necesidades como: locales adecuados, personal docente y equipos técnicos. Más adelante sugiere pensar en atender los distritos con la creación de Centros de Cultura donde funcionen círculos de teatro, cine, pintura, literatura, biblioteca, fotografía, exposiciones, ballet y música. Igualmente, sugiere la creación de un complejo cultural o instituto de bellas artes. (El Espacio, 1976, p.13).
En la misma hoja cultural, en entrevista realizada por Jesús Oraá, Vicente Peña Pulido, Delegado Regional del CONAC, reconoce el abandono que para ese entonces vivían los municipios del estado. Señala Peña Pulido que las danzas, títeres, teatro y bibliotecas era algo desconocido para esos pueblos. Sin embargo, le endosa la culpa a los maestros, a los cuales considera como los gestores naturales de estas actividades (El Espacio, 1976, p. 13).
En el transcurrir de la década, otras voces se van sumando. En la columna “Aló, Barinas”, del diario “El Espacio”, firmada por Bartolo, éste manifiesta la falta de presupuesto para comprar sillas para el público de la Casa de la Cultura, así como para mejorar sus instalaciones eléctricas y el techado de las gradas del auditorio (El Espacio, 1978). Por otro lado, los jóvenes se organizan exigiendo mayor atención y la creación de la Orquesta Juvenil.
Como se puede apreciar, a la par que crecía la actividad cultural, se organizaba la administración y se creaban nuevos grupos, también fue formándose una conciencia crítica del hecho cultural que ayudó a su crecimiento y desarrollo en esta década.
Para el teatro fue un período de interés, ya que el Estado, a diferencia de las décadas anteriores, asume la responsabilidad de atender esta área artística lo que permite la creación de grupos estables. Por otro lado, instituciones como la UNELLEZ y el Club Español, que con Juan Pérez Ascón reactiva su grupo teatral, contribuyen al desarrollo de esta actividad.
La difusión teatral que desde 1971 se fue incrementando y permitió la conexión de Barinas con el resto del país, así como la presencia de los grupos teatrales más importantes del continente; tuvo su mayor incidencia en los años 73, 74, 75 y 76.
FIN DE UNA DÉCADA PARA EL TEATRO
Para finales de la década esta actividad empezó un decaimiento. Es importante señalar que con la creación del teatro del O´Leary , la Escuela de Teatro, el Barinés de Muñecos y el Teatro Universitario de la UNELLEZ, el teatro barinés comienza a conocerse en otros estados y empieza una especial atención por los municipios. Igualmente, se crea un público no solo para teatro, sino para todas las actividades artísticas y literarias promovidas.
El desarrollo teatral de esta década va a tener gran incidencia en el desarrollo posterior del teatro barinés. A pesar de que no nace una dramaturgia que pueda darle solidez e identidad al movimiento teatral, se crean las primeras generaciones de actores que luego, en las décadas posteriores, integran y crean nuevos grupos.
Este contingente formado en esta década va estructurando un nuevo movimiento teatral que va adquiriendo mayor madurez. Surgen dramaturgos y estudios de la historia teatral barinesa. El Teatro Universitario de la UNELLEZ, ininterrumpidamente mantiene su actividad hasta ahora. En esta década prácticamente se asientan las bases para lo que será el teatro contemporáneo en el estado Barinas.
Directores
Isidro Flores: Realizó estudios en 1960 en la Escuela de Teatro de la Dirección de Cultura y Bienestar Social del Ministerio del Trabajo en Caracas. Entre sus profesores estuvieron César Rengifo y Román Chalbaud.
En 1965 ingresa a la Real Escuela Superior de Arte Dramático en España. Luego, se traslada a Argentina donde permanece un año en la Escuela de Arte Dramático de la Asociación Israelita Argentina Pro Arte de Buenos Aires. Al regresar al país se integra como actor en 1968 al teatro de la Dirección de Cultura de la ULA. En 1971 ingresa al Liceo O´Leary como profesor especial en artes escénicas, donde funda el grupo de teatro del liceo.
Flores es el primer director barinés con perfecto conocimiento del hecho teatral. Introduce en Barinas la técnica teatral de Stanislavski y sus espectáculos, así como la formación de los actores va a estar regida por esta técnica.
Félix Salazar: Actor ecuatoriano, realizó estudios en la Escuela de Teatro de Quito, Ecuador. Participó en el I Seminario de Teatro con el experto italiano Favio Paccioni, auspiciado por la Casa de la Cultura de Quito.
En 1967, realizó una gira por América Latina con un espectáculo que llamó “Tres en Uno”. Ese mismo año llega a Venezuela y realiza una gira por todo el país. Se residencia por un tiempo en Maracay. Luego, en 1975 se residencia en Barinas, donde funda la Escuela de Teatro, el Teatro Estable, el Teatro Universitario de la UNELLEZ y el Taller Teatral en Barinitas.
Formador de una generación de actores y trabajadores teatrales en Barinas, la concepción de sus espectáculos estuvieron dentro de la estética de Stanislavski, así como la formación de sus actores. Fundamentado en un teatro realista, lleva a escena autores venezolanos y latinoamericanos.
Mery Carruido: Realiza estudios de arte dramático en el Grupo Teatral Lara, en los años 60. Se residencia desde muy joven en Barquisimeto, aunque es originaria del estado Aragua. Entre sus profesores estuvieron Carlos Denis, Pablo Chiosone, José Salas, Felipe Rivas y Jaime Niño.
Dirigió el grupo de títeres “Los Tamunangueros” y luego fue profesora de teatro en el Grupo Teatral Lara. A partir de 1975 reside en Barinas, donde dirige el Taller de Títeres y posteriormente, con Eduardo Di Mauro, funda el Barinés de Muñecos.
Las propuestas estéticas de Mery Carruido se identifican con la corriente que dominaba el movimiento titiritero en ese momento, es decir, la tendencia hacia un muñeco caricaturesco, de rasgos exagerados y líneas fuertes.
Eduardo Di Mauro: titiritero argentino, actor, director, autor y productor teatral. Realizó estudios teatrales en Argentina. Con su hermano Héctor crea el grupo de títeres “La Pareja” con el cual recorren América Latina y Europa.
En 1976 se radica en Venezuela, donde dicta cursos y talleres. En 1977 crea en Barinas el Barinés de Muñecos. Di Mauro introduce en Barinas la técnica europea para la construcción de títeres y la puesta en escena. Sus espectáculos son verdaderas piezas profesionales. Los muñecos se caracterizan por un acabado artístico preciosista. Sus puestas en escena con escenografías impecables y de gran valor estético, inciden en la creación de un movimiento estético que influyen en el movimiento titiritero barinés.
Alexis Antiguez: argentino, realiza sus estudios en la Escuela Normal Superior de Córdoba. En 1956 organiza profesionalmente el teatro de títeres “La Cigarra”. En 1963 se radica en Bolivia, donde realiza una intensa actividad teatral por diez años.
En 1975 organiza y dirige en Argentina el “Teatro Volante”. Inicia una gran gira por América Latina, llega a Venezuela y recorre el país con su grupo de teatro. Se radica en Barinas en 1979 y funda y dirige “El Teatro del Claustro”.
Grupos de Teatro
Grupo Teatral Gritos de Abajo: Este grupo surge de la iniciativa de un grupo de jóvenes, sin experiencia teatral, en su mayoría estudiantes del liceo O´Leary. Motivados por el montaje de “Rajatabla”, “Tu País Está Feliz”, presentado en Barinas en 1972, tratan de copiar su esquema y producen una obra que titularon “El Hombre Fragmentario”. Este texto se desconoce. En entrevista realizada a Ángel Muñoz, día 2-5-99, explicó que la obra fue escrita en base a poemas y textos narrativos , por Avilmark Franco, Edgar Pérez y él, con música de Luis Cordero. Constaba de tres actos: I. Canción Hombre Fragmentario; II: Discursos de tendencia política y III. Musical con canciones conocidas o improvisadas con textos de Avilmark, Angel y Edgar.
La dirección del grupo era colectiva. A pesar de que eran estudiantes del liceo O´Leary, el grupo no perteneció al liceo. Estuvo constituido por Angel Muñoz, Avilmark Franco, Edgar Pérez, Luis Cordero, Rafael Parra, la nena Alexandra y Carlos Gavidia.
Grupo Teatral del Liceo O´Leary: Este grupo se formó en 1971, bajo la dirección de Isidro Flores, con estudiantes del liceo O´Leary. El primer montaje que realizan es “La Muerte de Alfredo Gris” de Rodolfo Santana. Con esta obra asisten al I Festival de Teatro Estudiantil Libre de Educación Media (TELEM), realizado en San Cristóbal, en Abril de 1972.
Al año siguiente estrenan “Los Unos Vs. Los Otros” del poeta, cuentista y dramaturgo ecuatoriano José Martínez Queirolo. Para 1974, montan “La Sonata del Alba” del Dramaturgo venezolano César Rengifo.
Después de intentar infructuosamente de realizar un nuevo montaje, Flores se retira de la dirección y el grupo decae. Formaron parte del elenco, entre otros, Rafael Parra, Amelia Vidal, Carlos Rivero y Melquiades Ocaña.
En 1977, bajo el nombre de Teatro Estudio y bajo la dirección de Félix Salazar, estrenan “Monte Calvo” de Jairo Anibal Niño. El elenco lo conformaron Francisco Aranguren, Francisco Nosikov y Francisco Rojas. La parte técnica la realizaron José Romero en iluminación e Israel Morillo en maquillaje.
Escuela de Teatro: nace de la concreción del taller dictador por Félix Salazar en 1975, adscrita al INCIBA. Es la primera institución que sistematiza los estudios teatrales en el estado. Contempló las siguientes asignaturas: Voz y dicción, historia del teatro, sociología teatral, expresión corporal y técnicas de actuación.
Estas asignaturas eran dictadas por Félix Salazar, que a su vez dirigía el grupo, Manuel Darío Gruber, el doctor Jesús Alberto Ramírez y José Villamizar. La escuela impulsó un cambio cualitativo de la actividad teatral.
Si bien se había tenido oportunidad de apreciarse propuestas estéticas de grandes maestros con la visita de importantes grupos nacionales y extranjeros, por primera vez se confrontan estás técnicas sistemáticamente, a través de charlas y discusiones.
Igualmente se promueven conferencias con especialistas como Leonardo Asparren Jiménez, enrique León, Omar García, Nabor Zambrano y Orlando Rodríguez.
Los montajes realizados por la Escuela de Teatro estuvieron precedidos por una campaña publicitaria en periódicos regionales. En este sentido, es abundante la referencia a estos eventos.
El primer montaje fue “María Rosario Nava” de César Rengifo, que fue una propuesta novedosa para Barinas. Se realizaba en el patio de la Casa de la Cultura, utilizando todo el espacio, incluso la parte alta. En esta obra de gran impacto para la comunidad barinesa, de acuerdo con la opinión de su director, se utilizaron técnicas de Stanislavski y Brecht.
En el año 1976, estrenan “El Asesinato de X”, creación colectiva del Teatro Libre de Argentina. Con una propuesta más convencional, esta obra de alto contenido político provocó un conflicto con las autoridades regionales que prohibieron su representación.
Al año siguiente, el grupo estrena “Monte Calvo” de Jairo Anibal Niño y en 1977, “La Esquina del Miedo” de César Rengifo. Con este último montaje culmina el ciclo de la escuela. Entre su elenco estuvieron Francisco Aranguren, Violeta Gallardo, Natividad Villegas, Godofredo Betancourt, Jackson Herrera, Adelso Vizcaya, Alejandro Villamizar, Jhonny España, José Ramón Roa y Francisco Nosikov. En 1976 asistieron al I Festival Occidental y I Muestra Nacional de Teatro en Barquisimeto.
Teatro Universitario de la UNELLEZ: El grupo se formó en Abril de 1977, bajo la dirección de Félix Salazar, con estudiantes universitarios. Los montajes se enmarcan dentro del teatro convencional, con marcada formación de los actores y actrices en las técnicas de Stanislavski. El primer montaje fue la obra del dramaturgo venezolano Guillermo de León Calle, “Diez Velas de a Locha por Un Bolívar”, estrenada en Septiembre en el marco de la II Muestra Internacional de Teatro.
Para 1978 estrenan “Las Dos Caras del Patroncito”, creación colectiva del Teatro Ollantay de Ecuador y al año siguiente estrenan “Los Criminales” de Rodolfo Santana.
El Teatro Universitario le permite a Félix Salazar continuar con su esquema de trabajo iniciado en la Escuela de Teatro; por lo tanto, desde aquí se van a promover eventos como cursos y talleres, giras a municipios y otros estados y muestras internacionales. El evento más importante fue, sin duda, la II Muestra Internacional de Teatro, realizada entre el 27 de Septiembre y el 16 de Octubre de 1977.
El elenco, entre otros, lo constituyeron Zor Valero, Mario Mantilla, Luis Ramírez, Ángel Osorio, Gloria Victorá, Carmelo Uviedo, Carlos León, Adelis Terán, Ligia Villamediana, Johnny Reyes, Héctor Márquez, Godofredo Betancourt, Alfredo Ramos, Alejandro González, Luis Alberto Pérez, Ismary Marin y Yamilette Sanguino. En el equipo técnico se desempeñaron: William Correa, Alejandro González, José Tona y Carmelo Uviedo.
Teatro Estable: Se crea en 1978 como consecuencia inmediata de la desaparición de la Escuela de Teatro. Con su primer y único montaje, en esta etapa, “El Monte Calvo” de Jairo Anibal Niño y bajo la dirección de Félix Salazar. Asisten al evento realizado en Caracas “Presencia Cultural de los Estados”, auspiciado por FUNDARTE.
El elenco estuvo constituido por Francisco Aranguren, Marcelo Morillo y Francisco Nosikov. En la parte técnica estuvieron Adelzo Vizcaya, José Luis Medina y Jesús Oraá.
Taller Teatral Barinitas: Se crea en 1978, en la población de Barinitas. Se inicia con un taller de teatro que dicta Félix Salazar, con el apoyo de Francisco Aranguren, en Historia del teatro y José Luis Medina, en Expresión corporal. El grupo ensaya la obra de Rodolfo Santana “Tiranicus”, bajo la dirección del mismo Félix Salazar. Sin embargo, el montaje no llega a estrenarse. El elenco estuvo constituido por Cristóbal Parra, Adelzo Vizcaya y Misael Valero.
Teatro UJEV: se crea y desarrolla a partir de Agosto de 1978, con los Congresos Nacionales de Jóvenes Evangélicos, auspiciado por la Unión de Jóvenes Evangélicos de Venezuela. Un grupo de estudiantes universitarios de la UNELLEZ radicados en Barinas, unidos al Grupo “Voces al Cielo”, hace dramaturgia y pone en escena las obras “Barrabas”, “El Condenado Suplido”, “La Alegría del Gran Rey Momó” y “Los Perseguidos”.
Su elenco lo conforman Carlos Alvarado, Ruben Morillo, Aureliano Salazar, Guadalupe Fernández, Josefina Pérez Fernández, Freddy Cáceres (Ivan Joé) Marcos Macías, Victoria Méndez, Nélida Méndez, Josué Martínez, y muchos otros que hacían teatro de escenario, teatro de calle y teatro al aire libre en plazas y parques del país, con presentaciones en todos los estados de Venezuela, no apercibidos en las reseñas de ese tiempo en razón del contenido evangelístico de sus libretos.
Teatro Infantil del Complejo Cultural Rodríguez Domínguez: Este grupo se crea en 1979, bajo la dirección de José Luis Medina. Estrenan la obra “El Tamborcito Mágico” de José Ignacio Cabrujas en Agosto de ese año. El elenco estuvo constituido por niños en edades comprendidas de 7 a 11 años.
Este grupo es el primero en Barinas que atiende el sector infantil y se constituye en el primer grupo de teatro de niños para niños. Realizaron una intensa actividad en la ciudad.
Teatro del Claustro: Se constituyó a principios del año 1979. Se inició con un taller teatral dictado por Alexis Antiguez, quien fue su director. Llevaron a escena las obras “Criaturas” de Adellach y “La Isla Desierta” de Roberto Arlt.
Este grupo ocupó el espacio dejado por la Escuela de Teatro y el Teatro Estable, dependía igualmente de la Coordinación Cultural del Estado. El elenco estuvo constituido por Ana Sánchez, Esperanza Istúriz, Eli Antiguez, Alberto Valbuena, Mario Vargas y Luis Botero. La parte técnica estuvo a cargo de William Correa.
El grupo tuvo una corta duración, ya que en Julio de ese año es despedido Alexis Antiguez y el grupo se desintegra.
Taller de Títeres del INCIBA: Se creó a principios del año 1975, bajo la coordinación de Israel Morillo. Luego, pasa ese mismo año a la dirección de Mery Carruido, quien organiza el primer grupo de títeres del estado, e inicia un recorrido por los municipios, formando parte de la programación de difusión del INCIBA.
Entre sus integrantes estuvieron Alexis Liendo y José Ramón Roa, aparte de Israel Morillo. Funcionó hasta Diciembre de 1976, luego el elenco se une a Eduardo Di Mauro para crear El Barinés de Muñecos.
Barinés de Muñecos: Se crea en Enero de 1977, como un proyecto profesional de alcance nacional, bajo la dirección de Eduardo Di Mauro. Inicialmente organiza un retablo móvil que lleva por todo el estado. Luego, en 1978, inauguran la Sala Estable, en la parte alta de la Casa de la Cultura.
El proyecto contempló los servicios de taller de producción, teatro móvil, residencias, administración, sala estable, publicidad y difusión, biblioteca y festivales.
Con su profesionalismo, el Barinés de Muñecos se convirtió en una institución en el estado. Estuvo funcionando en una primera etapa hasta el año 1979, cuando a raíz del cambio de autoridades regionales despiden al director y al elenco. Luego, en 1984, es retomado el proyecto hasta la actualidad.
El elenco inicial estuvo constituido por Coromoto Solorzano, Israel Morillo, Alexis Liendo, Mery Carruido y Josefina Arroyo. Luego completaron el plantel Odalys Segovia, Soledad Garrido y José Ramón Roa.
Dramaturgia
En este período, la dramaturgia no tuvo ningún desarrollo. Prácticamente, la actividad teatral se sustentó en la difusión de grupos de otros estados y grupos extranjeros, y en la representación local de dramaturgia nacional y de autores latinoamericanos.
Hubo intentos que no lograron trascender. El grupo Gritos de Abajo, en 1972, lleva a escena un texto de creación colectiva basado en poemas, canciones y discursos políticos. Este texto no fue publicado, se conserva el testimonio de sus autores Ángel Muñoz, Avilmark Franco y Edgar Pérez.
En 1978, Carlos Alberto Alvarado, estudiante universitario barinés, publica “Muletas Que Andan”, obra de corte religioso con deficiencias en su estructura y con clara intensión evangélica en su contenido, la cual se escenificó en los poblados del municipio Alberto Arvelo Torrealba y en los estado Táchira, Carabobo, Portuguesa, Aragua, Apure, Lara, Zulia y Mérida. Anteriormente había publicado y puesto en escena “El Condenado Suplido”, “El País de los Ciegos” y “Zoriana” con esa misma trayectoria. En 1979 realizó radio teatro en Radio Táchira con “El Ultima Día”, “Al Día Siguiente” y “Paz 2000”, de corte más futurista y de ficción, siguiendo la técnica del actor y autor Orlson Welles.
La dramaturgia es uno de los elementos más débiles en el crecimiento y desarrollo de un teatro barinés para esta década.
En conclusión, el teatro desarrollado en Barinas en la década de los años setenta, va a romper con la tendencia del teatro realizado hasta entonces, caracterizado por ser un teatro escolar con marcadas deficiencias técnicas y sin objetivos estéticos y profesionalmente artísticos.
En esta década se va a dar una serie de variables que contribuirán al establecimiento de una actividad teatral más trascendente, que podemos resumir.
1. Desde la Casa de la Cultura se emprende una política de difusión efectiva sustentada en la presentación de espectáculos con grupos artísticos de otros estados.
2. La creación de la administración cultural en el estado, lo cual permite cambiar la visión de la política cultural regional y se motiva la creación de grupos estables dependientes del Estado.
3. La presencia de especialistas teatrales extranjeros que permite dar un salto cualitativo y cuantitativo del hecho teatral.
4. Económicamente, Barinas se vio favorecida por la inversión del Estado de recursos provenientes del Boom petrolero, lo que permitió la ampliación de la burocracia cultural y la contratación de personal para dirigir los grupos, así como sostener proyectos teatrales estables.
Al analizar la década puede observarse que existen dos períodos. Un período caracterizado por el acento en la difusión teatral y con escaso interés para apoyar o fundar grupos teatrales. Este se da de 1970 a 1974; los únicos grupos conocidos en este período son “Grupos de Abajo” y “El Teatro del Liceo O´Leary”.
El otro período va desde 1975 a 1978, donde surge un cambio en la administración cultural del estado y se crean los primeros grupos teatrales con ayuda institucional.
Otros hechos contribuyen al fortalecimiento de la actividad teatral y actividad cultural en general, entre éstos están: La creación del Teatro Universitario de la UNELLEZ en 1977; el nacimiento, al final de la década, de un movimiento juvenil organizado en los barrios y liceos; la crisis generada en 1979 por el despido de los trabajadores teatrales de la Coordinación Cultural del Estado y la concreción de un pensamiento crítico con clara conciencia de las necesidades culturales de la región.
El desarrollo teatral de la década de los años setenta permitió no sólo la creación de grupos que todavía hoy existen como el Teatro Universitario, sino también la formación de la primera generación de artistas que se dedican al teatro profesionalmente, dedicándose en la actualidad a diferentes áreas: actuación, dirección, investigación y producción.

Carlos León Mejías




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